Cuando escuchamos esa frase de “poner los pies sobre la tierra”, de inmediato viene a la memoria la necesidad que tenemos de tener un sentido de la realidad en que vivimos, algo sumamente apreciado en los seres humanos productivos, pues muchos errores se cometen cuando este sentido tiene fallas.
Tener sentido de la realidad, es ver las cosas tal como son y no disfrazarlas como nos gustaría que fueran, es tanto como aceptar que el mundo tiene imperfecciones tal como todos los seres humanos que lo habitamos. Ser realistas es ser objetivos en todas las situaciones.
Lamentablemente, deseamos que las cosas sean como queremos que sean a tal grado que nos autoconvencemos cuando ni siquiera hemos buscado lograr aquello que nos gustaría conseguir y con esto, nos cegamos ante la realidad. Podemos asumir una actitud constructiva o destructiva al respecto, pues es claro que también nos surgen temores ante cosas que no tendríamos que temer porque no hay razón para hacerlo.
Recordemos que por falta de sentido de la realidad, muchos ejecutivos dejan de hacer cosas que darían más valor a su empresa, porque engendran temores infundados que les hacen creer que van a fracasar. Además mantienen productos cuya venta es casi nula porque creen firmemente que es cuestión de tiempo para que se venda, cuando es obvio que el mercado no lo aceptará. Los dos extremos no producen resultados positivos.
Alguien con sentido de la realidad no es pesimista, como mucha gente la califica porque dice las cosas como son, que por supuesto pueden no serles gratas a otros. De inicio, se autoaplica esa cualidad, fijándose metas que son perfectamente alcanzables y reconoce sus deficiencias en toda su extensión. Invariablemente, busca decir: “hasta aquí se puede, continuar significa desperdiciar recursos”. Esto es lo que hace a una persona con esta cualidad tan valiosa para la empresa porque puede ahorrarle mucho dinero con su objetividad.
Observemos que el apasionamiento es el peor enemigo de la realidad, motivándonos a tomar decisiones con el corazón y no con la mente, motivando situaciones tan conocidas como cuando un gerente insiste en mantener a una persona en alguna posición donde no está capacitada, solo porque tiene algún tipo de relación afectiva con ella.
Una pequeña receta para evitar caer en la trama de la irrealidad, sería cuestionar cuando nos enfrentamos a alguna situación: ¿es real o la estoy viendo como quisiera que fuera? ¿estoy decidiendo con la mente o con el corazón?
“Pon los pies sobre la tierra”
¡Hasta el próximo secreto!
¡Hasta el próximo secreto!








